El Córdoba se impuso por 1-0 al Valladolid en un partido que debió suspenderse en la segunda parte por el mal estado del terreno de juego que provocó la lluvia, pero que al final se jugó al completo y una jugada aislada en la que el agua también tuvo mucho que ver le valió a los cordobesistas su cuarta victoria de la temporada para reconciliarse con su afición, que no le veía ganar hace mes y medio.
El choque se disputó sobre un terreno de juego resbaladizo por la mucha agua caída a lo largo de la tarde. Con la pelota convertida en una liebre o en una tortuga según el caso, el Córdoba empezó con bríos, forzando varias acciones a balón parado de las que no pudo sacar provecho. Callejón y Sesma arrancaban con ganas ante un Valladolid timorato, que no empezó cómodo en el campo, pero que dio un primer susto a los diez minutos en un presunto derribo de Richy a Javi Guerra.
Mejoran los vallisoletanos
El conjunto pucelano se fue asentando en el césped, subiendo su línea de presión hasta hacer imposible la salida con balón de los blanquiverdes. La solución, el habitual balonazo en busca de Oriol Riera. Tampoco es que los visitantes la tocaran a placer, porque ni era partido para ello ni parecía la intención de los de Abel. Así que el encuentro cayó en el sopor o esa fase de madurar los partidos a la que suelen acudir eufemísticamente los entrenadores.
Se encontró al paso por el ecuador el Córdoba con los dos mediocentros amonestados, en acciones forzadas en ambos casos por el peligroso Sisi. Un riesgo para el tipo de partido que ya se empezaba a intuir. Alcaraz se desesperaba en la banda intentando que sus jugadores fueran capaces de tener la pelota, pero era imposible. No había ocasiones de gol, entre otras cosas porque las defensas, pese a las dificultades del piso, se mostraban bastante firmes.
Y en ésas, cuando caía un auténtico diluvio universal sobre el césped que hasta dificutaba la visión, llegó la mejor ocasión del partido, en un balón que recibió el goleador Javi Guerra, que se marchó como quiso de Richy y se plantó ante Alberto García, que le atrapó, felino, la pelota. La respuesta del Córdoba llegó de inmediato, en un balón hacia Pepe Díaz, que cañoneó con fuerza contra Jacobo, que mandó a córner.
Costalazo de Gerardo y más paradas de Alberto
Luego llegó un susto en un costalazo tremendo de Gerardo contra un banquillo situado en la banda, en un corte de una contra vallisoletana. Una jugada en la que luego se constataron la falta de deportividad de los pucelanos, que quisieron sacar rápido sin interesarse por la integridad del compañero, y la estupidez arbitral, haciendo salir dos veces al jugador a la banda para volver a entrar al campo. Ya en el 36, Marc Valiente cabeceó en un córner a las manos de Alberto García, tras saque de Álvaro Antón.
Nuevamente intervinieron estos protagonistas unos segundos después, con adecuada respuesta otra vez del cancerbero catalán en un tiro raso de esos peligrosos tal y como estaba el césped. El Córdoba recogió el guante y generó un par de llegaditas, un tiro alto de Callejón tras una falta y remate forzado de Jonathan Sesma que tras tocar en un defensa salió por encima del larguero. Con más lluvia se llegaba al intermedio.
El jarreo de agua en el descanso le hizo más daño aún al pasto, que se convirtió más bien una piscina en ciertas zonas del campo. Dos tímidos cabezazos de Javi Guerra y Alberto Aguilar reanudaron las hostilidades en la segunda mitad.
Era lo único que pasaba en el campo, porque ya era imposible jugar al fútbol. El encuentro se transformó en una sucesión de pelotazos buscando el error defensivo -a Alberto se le estuvo a punto de quedar corto un despeje al paso por el cuarto de hora- o en forzar la falta para poder meter el esférico en el área contraria.
La fortuna y el gol
Corría el minuto veinte, tras una amarilla a Barragán por una peligrosa falta en la banda, cuando el Córdoba tuvo su opción en un balón largo hacia Callejón, que encañonó fuerte de primera por encima del larguero de Jacobo.
Fue en esos momentos, los delegados de ambos equipos parecían tratar de convencer al cuarto árbitro de que se planteara la suspensión del encuentro, porque la integridad de los protagonistas comenzaba a correr peligro. Pero Prieto Iglesias no estaba por la labor.
A nueve del final, cuando el 0-0 parecía inamovible, un balón suelto en la parte derecha del área vallsioletano llegaba a los pies de Callejón, que empaló con más corazón que cabeza con la suerte de que el balón lo desvió Peña a su propia puerta. Un delirio recorrió todo El Arcángel con un gol que a la postre le daría a los blanquiverdes la victoria casi dos meses después.
Pepe Mel/Entrenador del Real Betis Balompié
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