Cuando se juega bien, lo normal es ganar. Cuando se juega mal, lo normal es perder. En Sevilla se cumplió una premisa que no siempre es una realidad. Pero cuando se es tan superior, ni el caprichoso mundo del balón redondo podía impedir que el Betis pasara por encima del Córdoba. 3-1, un resultado corto visto lo visto. Justo, pero pequeño por los méritos desplegados por los de Pepe Mel en la ¿despedida? de Luis Oliver. Derrota y problemas para los de Alcaraz.
El Betis hizo lo que le dio la gana en el primer acto con un lamentable Córdoba. Se marchó a la caseta con un resultado que perfectamente pudía haber sido más amplio. Ni la lesión de Miguel Lopes pesó en el juego de los hombres de Pepe Mel, infinitamente superiores a las huestes de Lucas Alcaraz. Mucho tendrían que cambiar las cosas en el segundo acto para que los tantos de Jorge Molina e Iriney no sellaran el pleito con 45 minutos por delante.
El Córdoba, no podía ser de otra manera, adelantó líneas para buscar el tanto que le diera vida. Oxígeno para soñar con la igualada. Eso sí, tenía que hacerlo sin Raúl Navas (lesionado de gravedad en el minuto 55). Un minuto después, Jonathan Sesma metía a los suyos en la pelea. 2-1 y nervios en el Benito Villamarín... por mucho que estuviera más cerca el tercero de los locales que el segundo califal. Porque los cambios visitantes apenas se notaban sobre el terreno de juego. A poco más de 15 minutos para el final, un tanto podía sentenciar o nivelar el duelo regional. Rubén Castro, en la enésima llegada bética, firmaba un gol con olor a definitivo. 3-1 y triunfo para el conjunto que más se lo había merecido. Victoria para que el Betis siguiera como líder una semana más. Derrota para un Córdoba que sigue sin levantar cabeza.
Pepe Mel/Entrenador del Real Betis Balompié
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